martes, 29 de julio de 2008

UNA PALABRA


No me voy a atribuir el mérito de haberme inventado la idea de este post.

El otro día leí algo que me resultó muy "interesante", sobre todo porque yo soy de esas que enseguida me presto a opinar de todo e intento aconsejar a quien me lo pide...y, a veces, a quien no me lo pide, también.

Reconozco que unas buenas dosis de humildad me vendrían muy bien de vez en cuando...de hecho, las voy adquiriendo a base de trompicones y batacazos...pero eso también entra en los planes...y lo acepto...de hecho, reconozco que son efectivos.

Como digo, el otro día, leía sobre la costumbre generalizada de opinar sobre todo...la política, la cultura, la educación...la sociedad. Muchas veces, se opina sin fundamento, pero bueno, supongo que es lo más natural y que además, entretiene. Siempre en las reuniones sociales se suele despotricar de miles de temas y luego se dice..."Ahora que ya hemos arreglado el mundo, ¿De qué hablamos?".

Así que, asumamos...que somos "opinadores".

Otra cosa diferente es "aconsejar"...eso también gusta mucho...una amiga mía dice que "¿Por qué será que los problemas los vemos siempre nítidos en los demás y nunca en nosotros?".

Dar un consejo es delicado, sobre todo, porque muchas veces, se intenta que el otro cambie su postura hacia la nuestra...y si no lo hace, se puede acabar en una discusión o pensando que la persona aconsejada es bastante "necia".

A veces acudimos a aconsejar llenos de "verdad" y resulta que somos incapaces de ponernos en el lugar del otro...respetando sus sentimientos y forma de ser, entendiendo que quizá, la postura que toma está motivada por miles de factores que desconocemos...no digamos, sentimientos.

Sin embargo, ¿Cómo no aconsejar?, ¿Cómo no intentar decir algo a alguien a quien apreciamos y creemos que le puede ayudar?
Cómo doy por hecho que es "inevitable"...incluso que está en la naturaleza humana y afectiva de las personas..., doy por hecho también que la cuestión no es tanto el hacerlo, sino "cómo hacerlo".

Pues bien, mi lectura hacía hincapié en el hecho de que un "consejo" puede ser un arma de doble filo si se enfoca mal...un consejo lo puede dar cualquiera, porque se ve fácil...sin embargo abría la puerta a otra posibilidad diferente, difícil, arriesgada, que sólo se puede afrontar desde la fe...esto es: "dar una Palabra".

Las diferencias pueden ser muchas:

La Palabra nace del amor...porque ese fue su origen y su destino.

La Palabra es fruto del discernimiento...no del capricho.

La Palabra no sale de nosotros, sino del Espíritu.

La Palabra no vuelve a nosotros, simplemente cae como lluvia...y se posa.

La Palabra habla desde la Verdad...aunque a veces no la reconozcamos.

La Palabra es una experiencia...que se hace carne en nosotros cuando la acogemos.

La Palabra tiene su tiempo para cada persona.

La Palabra consuela...nunca agobia.

La Palabra es sencilla, es valiente.

La Palabra no se busca...aparece.

Primero se escucha...luego de dice...

La Palabra se da, sin esperar nada a cambio...


No sé qué os parece...a mi, de momento...una buena reflexión y un buen principio.

Me quedo con lo que decía San Pablo a los Corintios (2 Cor, 6-13)...porque él es un gran ejemplo de valor y fe en medio de la debilidad...


Pues el mismo Dios que dijo: = De las tinieblas brille la luz, = ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo.

7 Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.

8 Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados;

9 perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados.

10 Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

11 Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

12 De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida.

13 Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: = Creí, por eso hablé, = también nosotros creemos, y por eso hablamos,

4 comentarios:

Irache dijo...

Hola Cris.
Hago un alto en la costura para leerte.
Este post tiene mucha miga me parece a mi.
Dice San Juan : La palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

A mi me gusta mucho Santiago, (por que será), te recomiendo que leas st 1,16-27.
Con la palabra se puede ayudar mucho y destruir mucho. Yo tengo en la memoria grandes frases que me han hundido en la miseria y otras que me han ayudado mucho.
Yo misma tengo la sensacion de haber hecho mucho daño con palabras sin pensar en malos momentos, y sin embargo no creo tampoco haber hecho mucho bien. a veces casi son mejores las obras que las palabras, porque no todo el mundo tiene el dón de la palabra , pienso yo , no sé si estaré en lo cierto.
bueno despues de todo este rollazo que te he metido, muchos besitos.

Hilda dijo...

jajaja, coincidimos en más cosas!! yo pensé que era la única con necesidad compulsiva de aconsejar y opinar ji ji ji
Y sí, a mí también la vida me da sus lecciones de humildad. Ya somos dos.
Y totalmente de acuerdo hasta para ayudar se necesita saber hacerlo.
De lo del doble filo, me hiciste recordar un párrafo del Conde de Montecristo donde un personaje le temía más a la tinta y a la palabra que a una pistola.

Saludos. Hilda

CRIS dijo...

Irache, es cierto que con la palabra se puede hacer mucho o destruír mucho...pero no hablo de cualquier palabra...

Si la Palabra es auténtica, aunque duela...al final siempre ilumina. Por eso precisamente no hace falta el don de la palabra...porque si Dios te inspira algo...para alguien, en el fondo, no hablas tú, ¿no?

Estoy de acuerdo contigo en que dar una Palabra si no se acompaña de obras...es también inútil.

Hilda...¡Pues claro que coincidimos! Yo intento aportar mi experiencia...que tampoco es que sea inmensa...pero en el fondo, es lo único que tengo.

Besos a las dos

ave fénix dijo...

Pues sí , las palabras siempre bien dichas y sin faltar al respeto de la persona , son una bendición....Pero cuando la palabra sale de nosotros con rencor y no escuchando la necesidad del otro...es cuando podemos hacer mucho daño...

Besitos.